Vocabulario
del degustador:
Ácido Tartárico: Ácido proveniente
de la uva que tiene como una de sus principales funciones la de
protección ante la acción de los microorganismos.
Generalmente representa entre la tercera y cuarta parte de los ácidos
de un vino y es el más fuerte y resistente de todos los ácidos
del vino.
Antociano: Es un compuesto orgánico de
origen vegetal, que forma pigmentos rojos, violetas y azules que
se utiliza para dar color a los frutos. En el caso de la uva se
encuentran en el hollejo del grano, siendo escasas las variedades
que poseen antocianos en la pulpa, a las que se denomina “tintoreras”.
Azúcares: Sustancia dulce y soluble en
distintos líquidos como agua y alcohol, proveniente de la
caña de azúcar y otros vegetales como la vid. En este
último caso proviene de la uva y en los vinos queda una cantidad
residual sin fermentar, pequeña en los vinos secos y mayor
en los vinos dulces. Los principales azúcares presentes en
la uva son: glucosa, fructosa y sacarosa entre otros.
Barrica: Es un recipiente construido en roble
(europeo o americano), que se tuesta por dentro para otorgar aromas
ahumados y evitar que olores o sabores desagradables contaminen
el vino. La barrica más conocida y una de las más
utilizada es la denominada “bordalesa”, que tiene forma
ovalada y una capacidad de 225 litros.
Las barricas de roble deben ser llenadas con vino en su totalidad,
cuidando que quede la menor cantidad posible de aire en su interior,
para luego reposar el tiempo que sea necesario a criterio del enólogo.
Estas barricas tienen una vida útil que va de 4 a 6 crianzas
y cada una de ellas tarda como mínimo 3 o 4 meses en Argentina.
De esto se desprende que el vino criado en roble incrementa su costo
notablemente si tenemos en cuenta que el precio de una barrica de
roble oscila entre los 300 y 700 dólares, sean estas americanas
o francesas.
Cava: Se denomina de esta forma a las cuevas de
antaño que existen en algunas bodegas y que se utilizan para
guardar vinos en barricas de roble o en botellas. Esta denominación
también es utilizada para nombrar algunos vinos espumosos
naturales, elaborados en ciertas regiones de España.
Fermentación Alcohólica: Proceso
bioquímico espontáneo y natural producido por las
levaduras presentes o agregadas, las cuales transforman el azúcar
del mosto de la uva en alcohol etílico, con desprendimiento
de gas carbónico. Se deduce que a mayor contenido de azúcares,
mayor producción de alcohol va a existir.
Fermentación Maloláctica: Proceso
bioquímico espontáneo y natural producido por una
bacteria que está presente en el medio, la cual se metaboliza
en ácido málico, de fuerte sabor a manzana y presente
en el vino, convirtiéndolo en ácido láctico,
que resulta de sabor más suave. Actualmente, la fermentación
de los vinos tintos, ocurre en la barrica de roble. La botella es
el único lugar donde dicha fermentación no debe suceder.
Tanino: Compuesto de carácter astringente
que se extrae de varias plantas, entre ellas, podemos encontrarlo
en las partes sólidas del grano de uva, (hollejo, semilla,
etc.). Los vinos tintos muestran esta sustancia en mayor proporción.
Vainilla: Aroma que aparece en los vinos que han
sido sometidos a crianza en barricas de roble. Este aroma se intensifica
en los sentidos, cuando la barrica de roble es de origen americano.
Varietal: Forma de denominación de los
vinos elaborados completamente, o casi completa (mínimo de
un 80 %), con una variedad determinada de uva, detallada en la etiqueta
del vino.
Vino de Guarda: Aquel vino que ha pasado tiempo
de añejamiento en botella o crianza en barrica de roble.
Vino Redondo: Expresión utilizada en las
catas para señalar las virtudes exaltadas de un vino. Resulta
el mejor calificativo para un vino de excelentes cualidades por
resultar redondo al paladar.
Untuoso: Expresión sinónimo de suave
y aterciopelado, son vinos que suelen contener mucha glicerina y
por este compuesto se registra al paladar como levemente aceitoso
sin que esto provoque desagrado.
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El
vino y la madera
La madera en el vino: Desde épocas de antaño,
cuando los transportes de ultramar comenzaron a llevar bebidas,
entre ellas vino y otras espirituosas nació la necesidad
de utilizar algún recipiente sólido que solucionase
el problema de fragilidad y poca versatilidad de estibaje que los
antiguos recipientes, como vasijas o tinajas de barro, y cueros
de animales presentaban. Ante la necesidad de un recipiente sólido,
resistente, fácil de anclar y ubicar, aparecen las vasijas
de madera como alternativa cierta.
A través del tiempo, se comprobó que el uso de madera
en ciertas bebidas y principalmente el vino, le daba a esta, sabores
y características especiales una vez que habían pasado
cierto tiempo en contacto con ella. De este modo la madera se convirtió
en un excelente recipiente, que además aportaba cualidades
al vino y retrasaba su decadencia.
Varios tipos de madera fueron utilizados, castaño, cerezo,
fresno, pino, olmo, etc., pero los vinos depositados y guardados
en ellas, resultaban un tanto rudos a diferencia de los criados
en roble, cuyo resultado era una mayor calidad final con aromas
y sabores más agradables a los sentidos.
Actualmente las tendencias en incorporar madera a los vinos muestran
innovaciones que reducen los costos con resultados cualitativos
aceptables. Entre diversas prácticas, la más habitual
es la adición de trozos de madera la vino que se clasifican
por procedencia, tostado y tamaño de la madera. Con respecto
a la procedencia tenemos dos grandes grupos donde se encuentran
el roble americano (Canadá y EEUU) y el europeo (Francés,
Rusia, Polonia, Hungría, etc.), el tostado se refiere al
grado de penetración de la quemadura en la madera y puede
ser ligero, medio y fuerte y dentro de estas categorías,
sus intermedios.
En el mercado existen variadas formas y tamaños de trozos
de madera de roble que se utilizan en la crianza de vinos, además
de las clásicas barricas y toneles o cubas, hay cubos (daditos
de aproximadamente 2-4 cm. de madera de roble), chips (astillas
procedentes de la rotura o molido de madera de roble, sensiblemente
más pequeños que los cubos y que por ello aportan
al vino aromas más intensos. Al igual que los cubos, pueden
ser utilizados en tanques de acero inoxidable y piletas), sticks
(listones de roble de aproximadamente 60 cm. de largo con lo que
se pueden armar estructuras dentro de tanques, piletas y barricas
agotadas), duelas (tablas de roble para utilizar en tanques, piletas
y fundamentalmente para recuperar barricas agotadas).
La madera en el vino aporta características que van desde
los aromas frutosos propios del varietal hasta notas de vainilla,
coco, nuez, pan tostado y otras especias. Al gusto resulta untuoso
(suave y aterciopelado) un tanto graso y redondo al paladar con
cierto dulzor sin asperezas.
El Roble: En el mundo existen cerca de 300 variedades
de roble, pero enológicamente hablando, solo nos interesan
dos de ellas, el roble europeo (Quercus Robur Sealisae) y el roble
americano (Quercus Alba).
El roble europeo se puede encontrar en Francia, España, Rusia
Polonia, Eslovenia, Chechenia y Hungría, existiendo actualmente
una fama mundial en el mundo del vino, del roble francés
ya que hasta mediados de la década del 30, el roble más
utilizado por los productores franceses provenía de Rusia.
El roble americano se lo puede encontrar en Canadá y EEUU
y debido a que esta zona de cultivo es más amplia que la
francesa, el suministro al mercado internacional es más fácil
y por ende su precio más económico que el europeo.
El roble modifica las características del vino, ya que no
es un material inerte y las interacciones de esta madera con el
vino producen resultados muy satisfactorios a los distintos sentidos.
Los aromas del vino se tornan más complejos con notas de
vainillas, especiadas y tostadas dependiendo estas, del tratamiento
del roble. La madera facilita la limpidez del vino, favoreciendo
la precipitación natural de partículas y actuando
como clarificador. También favorece la estabilización
del color del vino, combinando materia colorante con taninos a través
de una oxigenación que se produce por acción de los
poros de la madera. La crianza en roble fortalece al vino en su
carga de taninos, prolonga su juventud alargando posteriormente
su vida en botella.
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Las copas y el
vino.
Las copas forman parte del ritual de tomar vino y no solo agradan
por sus bellos diseños, sino que además cumplen con
la función de ayudar a capturar el aroma y el sabor de un
tipo especifico de vino.
Si bien la copa no es el único elemento que interviene en
la ceremonia del tomar vino, es entre los demás uno de los
principales complementos que hacen del vino una bebida diferente.
Existen también termómetros, enfriadores, frapperas,
corta cápsulas, descorchadores, decantadores, y otros elementos
más, aunque las copas por su diseño y forma tiene
son las que tienen el poder de modificar radicalmente la percepción
y gusto de cada vino.
La razón por la cual las copas de constituyen en un complemento
esencial al momento de beber es que cada copa predispone el primer
sorbo de vino en el paladar de una forma determinada. Por su forma
y anatomía, algunas guían la bebida hacia delante,
otras hacia atrás o hacia los lados, mientras que algunas
lo depositan en el centro de la cavidad bucal. También es
cierto que el bouquet del vino toma forma según sea el tamaño
del recipiente, resaltando este último determinadas características
del vino.
Originariamente las copas eran de materiales de fundición
generalmente opacos y pesados (bronce y hierro) hasta la actualidad,
donde lo más usual es la utilización de vidrio y cristal
para su elaboración. Hay que destacar que siempre han tenido
detalles de diseño y ornamentación, lo que nos da
la idea de que el hombre siempre ha considerado el beber como algo
importante. En estos primeros momentos donde las copas eran de materiales
como bronce y hierro, se tendía a utilizar una copa única
apta para todo tipo de líquidos durante las comidas, hoy
en día conocemos lo que se llama “juego de copas”
y nos da la idea de que a cada copa le corresponde una bebida determinada.
Las copas además de convertirse en recipientes, tienen un
significado que se relaciona a lo simbólico y se manifiesta
en el diseño ornamental. A pesar de esto su forma siempre
se mantuvo, con cambios de tamaño que no siempre fueron justificados.
En la actualidad se conoce a la copa más grande como la de
agua, seguida por la de vino tinto, la de vino blanco jerez u oporto
y otras bebidas.
El presente demanda un fundamento justificado y practicidad, es
así que se han simplificado los gustos y en las mesas solo
podemos ver las copas que se van a utilizar (generalmente, agua,
vino, champaña), a pesar de la gran variedad disponible.
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Accesorios
para el vino
A medida que uno comienza a incursionar en el gusto de tomar vino,
puede que se sorprenda con la cantidad de accesorios disponibles
para acompañar este ritual. Podríamos preguntarnos
si realmente son o no necesarios, pero lo que no podemos discutir
es lo interesante que son al momento de disfrutar el vino en toda
su gama de posibilidades.
El siguiente listado corresponde a los accesorios para el vino más
utilizados y prácticos al momento de comenzar la ceremonia
previa al arte de beber.
Canasta de Decantación: Canastilla que
sirve para retirar un vino de guarda de la cava y transportarlo
hasta el lugar donde va a ser bebido en posición casi horizontal
(aproximadamente formando un ángulo de 25 grados). Una vez
descorchado el vino dentro de la misma canasta se puede verter dentro
del decantador, sin que se remuevan los sedimentos naturales. Generalmente
este accesorio viene acompañado de una vela para notar cuando
se están traspasar los sedimentos depositados en la botella
hacia el decantador.
Corta Cápsula: Herramienta que se utiliza
para cortar el precinto o cápsula que cubre y protege el
corcho. Algunos descorchadores los tienen incorporado y otra alternativa
que sirve al mismo fin son las navajas de somelliers, que le otorgan
elegancia al momento de abrir un vino.
Decantador: En la actualidad hay una tendencia
a elaborar y crear vinos sin filtrar por lo que resulta indispensable
este tipo de accesorio al momento de catar un buen vino y apreciar
todas sus cualidades. Este elemento influye directamente en la degustación
y es por ello que entre todas las posibilidades de accesorios, es
uno de los más aceptados y utilizados.
Descorchador: Se constituye en un elemento clave
al momento de abrir correctamente una botella. Existen una variada
gama de posibilidades como los de uno o dos impulsos, de palanca
o extracción continua, neumáticos o artesanales, pero
siempre destinados a evitar alguna adulteración de la bebida
al momento de destaparlo. Actualmente existen en el mercado de todas
las formas, tamaños y materiales, pudiéndose hasta
conseguir diseños artesanales como piezas únicas y
exclusivas para quien los encarga.
Copas: A cada vino le corresponde una copa con
un diseño determinado y también es cierto que existen
marcas famosas que han hecho de este culto una verdadera regla al
momento de pensar en cada vino. Hay copas especificas para cada
varietal, inclusive las hay personalizadas y hasta un juego de copas
a elección determinado para el agua que acompaña.
Drop Stop: Es el conocido Anti-Gota, una herramienta
simple y muy afectiva para no derramar gotas de vino sobre el mantel,
mesa o cualquier lugar donde se sirva esta bebida. Se las puede
observar como laminas de aluminio descartables que se colocan en
la boca de la botella simulando un “cucurucho”, la alternativa
económica es reemplazar las laminas de aluminio por una corbatita
de papel tissue alrededor del cuello de la botella.
Enfriadores: Es una funda o manga rellena con
gel, que se coloca en el freezer por unos minutos y luego se envuelve
con ella la botella durante no más de cinco minutos dejando
la bebida lista para servir. Este implemento toma importancia especialmente
en los vinos blancos y espumantes cuando no se tiene tiempo para
enfriarlo a la temperatura adecuada.
Frapperas: Más conocidas como baldes donde
se coloca hasta una tercera parte de su capacidad, una mezcla de
cubos de hielo y agua. Pensados para mantener la temperatura de
las botellas de vinos blancos y espumantes durante una comida o
reunión que lo amerite. Se pueden encontrar de distintos
materiales y se deben acompañar con un paño de trama
ligera y absorbente para evitar el contacto de las manos con la
botella.
Termómetros: Para resaltar todas las virtudes
del vino, destacar sus aromas y suavizar los alcoholes, este necesita
servirse a la temperatura correspondiente. Los varietales generalmente
en la contraetiqueta tienen indicado la temperatura optima para
tomarlo, y para que hacer más fácil la correcta apreciación
de sensorial de los vinos, existen sofisticados termómetros.
Los diseños de estos elementos también son novedosos
y se los puede encontrar con anexos como tablas de temperaturas,
bandas digitales, y varillas con fundas de cuero.
Vacu In: Es un instrumento que saca el aire de
las botellas descorchadas, alargando la vida de este una vez abierto.
Incluye un tapón que favorece el mantenimiento de las cualidades
del vino por unos días. Este accesorio responde a la necesidad
de conservar los restos de vino que quedan en la botella y no tienen
porque perderse.
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Principales
varietales de Argentina
Antes de hablar de cada varietal es necesario hacer un breve racconto
de las primeras vides plantadas en territorio argentino.
Fueron los misioneros en los siglos XV y XVI, los que trajeron las
primeras uvas a nuestro país. Estas mismas uvas son las que
hoy denominamos criollas y no fue sino hasta el siglo XIX, con la
introducción de uvas finas procedentes de Europa, cuando
se produjo una mayor diversidad y mezcla en las plantaciones, ya
que en ese momento los productores locales no le daban importancia
a las características de cada uva en particular.
Uvas como el Malbec, el Cabernet Sauvignon y el Merlot, varietales
muy conocidos y desarrollados actualmente, se mezclaban entre sí,
y tanto los productores como los consumidores denominaban a estos
como “uva francesa”.
En el mundo existen cerca de 5.000 tipos de cepajes distintos y
a ellos corresponden casi 40.000 nombres para denominarlos. A continuación
se encuentran los varietales más conocidos en Argentina:
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UVAS TINTAS
Malbec: constituye el cepaje más emblemático
y conocido de Argentina, procedente de Francia (Bourdeaux) ha encontrado
en el suelo de la provincia de Mendoza condiciones ideales para
su desarrollo. Actualmente puede asegurarse que el Malbec argentino
es reconocido como el mejor del mundo.
La degustación de este varietal no es sencilla debido a que
presenta gran cantidad de versiones diferentes, es decir muchas
vides con características distintas, que junto a las tierras
y la acción del hombre, complejizan su apreciación.
Cabernet Sauvignon: Al igual que el Malbec, este
varietal nace en Francia, en la región de Bourdeaux, y es
justamente uno de los emblemas de dicha región. Esta variedad
se ha adaptado a todos los climas del mundo y a pesar de ser uno
de los mejores exponentes franceses, ha alcanzado un desarrollo
más que satisfactorio en otros países.
Entre sus aromas se destacan la pimienta, cassis y cedro, dándole
a este tinto una acidez que necesita de un poco de tiempo hasta
suavizarse.
Las principales zonas dentro de la provincia de Mendoza, en donde
este varietal alcanza su máxima expresión son Agrelo,
Luján de Cuyo, y Vistalba entre otras.
Merlot: Varietal oriundo de la región de
Bourdeaux, Francia, donde se lo utiliza con frecuencia en combinación
con el Cabernet Sauvignon. En Argentina, a pesar de que todavía
se sigue trabajando en su desarrollo, ha encontrado sus mejores
resultados en la región del Valle de Uco (provincia de Mendoza)
y en los sectores más fríos de la provincia de Río
Negro. En los últimos años las plantaciones de este
cepaje han crecido considerablemente y es un varietal que se proyecta
como uno de los preferidos por las mujeres.
El vino resulta menos ácido que otros varietales, con aroma
a moras y algunas notas ahumadas, estas características hacen
de este, un vino redondo y agradable al paladar dejando sensaciones
frescas y frutadas.
Syrah: Si bien todavía hoy se debate el
origen de esta uva, se cree que proviene de Medio Oriente, precisamente
de la antigua Persia (actual Irán) y Shiraz, una de las regiones
más antiguas que conoce la historia del vino.
Este cepaje aparece en Francia, en la región del Ródano
en tiempo de los colonos griegos y ya a mitad del siglo XIX llega
a Australia, donde alcanza un gran desarrollo y es reconocido como
uno de los varietales de gran calidad y digno rival de sus colegas
franceses.
En Argentina existen muchos adeptos a su cultivo y sigue su tendencia
en aumento ya que esta uva se ha adaptado muy bien a los climas
de las provincias de Mendoza y San Juan.
El Syrah se presenta como un vino amplio, muy suave en boca, con
aromas fuertes a especias y cueros.
Tempranillo: Cepaje proveniente de España,
donde constituye todo un emblema al momento de hablar de vinos.
Presenta similitud con de gusto con el varietal de origen francés
Pinot Noir.
En Argentina ya existe gran cantidad de hectáreas plantadas
con este varietal y es un vino que a partir del año 2.000
está siendo muy requerido por paladares exigentes, situación
que lo posiciona como uno de los cortes con mayor proyección
de futuro.
Barbera: Generalmente tiende a confundirse con
el Bonarda (proveniente de la región de Piemonte, Italia),
aunque es de mayor calidad que éste. Oriundo de la región
de Monferrato (Italia) y muy difundido y desarrollado, al igual
que el Bonarda, en la región de Piemonte.
En Argentina se cultiva en San Rafael, en el sur de la provincia
de Mendoza y se está comenzando a desarrollar en la provincia
de San Juan con muy buenos resultados.
Este cepaje se presenta como un vino que resalta las características
del buen color y con gran cuerpo, es por ello que es utilizado principalmente
en vinos de corte.
Pinot Noir: Procedente de la zona francesa de
Bourgogne, por ser un cepaje de difícil adaptación,
su cultivo resulta todo un desafío en Argentina.
A pesar de ello, en las regiones del Alto Valle de Uco, Alto Río
Mendoza (ambos en la provincia de Mendoza) y Alto Valle de Río
Negro (Río Negro) se ha alcanzado un desarrollo catalogado
por los especialistas como muy bueno.
Este varietal también es utilizado vinificado en blanco para
Champagne o vinos espumantes.
Entres sus características se destacan el aroma frutado de
cerezas y notas que recuerdan a los hongos.
Otros cepajes desarrollados en Argentina, aunque en pequeñas
proporciones son:
Cabernet Franc: Oriundo de la región de
Loire, en Francia y desarrollado también en Italia.
Petit Verdot: Procedente de la región de
Bourdeaux, en Francia, donde su cultivo es muy reducido debido a
la tardanza que presenta la uva para su maduración.
Tannat: Originario del sudoeste de Francia, es
de excelente calidad y en Argentina de desarrolla principalmente
en la región de Cafayate en la provincia de Salta.
Sangiovese: Uva proveniente de Italia, donde es
muy cultivado. En Argentina se lo confundió por mucho tiempo
con el Lambrusco y actualmente no se la considera como una uva de
gran calidad.
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UVAS BLANCAS
Torrontés: Cepaje proveniente de España,
lugar donde casi ha desaparecido totalmente. Actualmente se lo considera
como una exclusividad argentina por el gran desarrollo que ha tenido
en el país.
En Argentina tiene dos variedades referentes a los lugares de cultivo
de la uva, la primera y con más hectáreas plantadas
es el Torrontés Riojano, que está desarrollado en
las provincias de La Rioja y Salta y la segunda variedad es el Torrontés
Mendocino, plantado en la provincia de Mendoza y San Juan.
Los vinos proveniente de este cepaje presentan su principal atractivo
por ser muy aromáticos.
Chadonnay: Es uno de los cepajes más conocidos
en el mundo, originario de la región francesa de Bourgogne.
Se lo considera un vino de gran calidad y posee la ventaja de presentar
gran adaptación a todos las regiones donde se desarrolla.
En Argentina alcanza su mejor expresión en las zonas de Tupungato,
Maipú, Agrelo y San Rafael en la provincia de Mendoza y en
el Alto Valle de Río Negro.
Es un vino que puede presentar variaciones en su gusto final, debido
a las temperaturas de las zonas cultivadas y las cualidades del
subsuelo. Sus características aromáticas nos remiten
a cítricos, miel, manteca fresca y a veces notas florales
de acacia.
Chenin Blanc: Es procedente de la región
francesa de Loire, donde se desarrolló con mucho éxito
para producir vinos secos, licorosos y también espumantes.
En Argentina es una variedad muy cultivada y principalmente se desarrolla
en la provincia de Mendoza, en San Rafael.
Se cree que tiene gran potencial cualitativo, a pesar de que todavía
esta poco desarrollado. Su aroma nos remite a notas cítricas,
de membrillo, miel y tilo, dotándolo de una sabor muy agradable.
Semillón: Tiene su origen en Francia, y
como tantas otras uvas, es de la zona de Bourdeaux. Esta variedad
ha sido desarrollada en muchas partes del mundo presentado grandes
variaciones gustativas.
Depende principalmente del clima para cambiar su sabor y es muy
sensible a la lluvia y a la humedad. En Argentina las mejores zonas
para su cultivo se encuentran en el Valle de Uco, Mendoza y en el
Alto Valle de Río Negro.
Sauvignon Blanc: Cepaje oriundo de Francia y desarrollado
en varias regiones de este país. Este varietal presenta características
muy particulares y agradables para combinarlo con el Semillón.
En Argentina, se desarrolla principalmente en la provincia de Mendoza,
en las zonas de Alto Río Mendoza, Luján de Cuyo y
Maipú. Los vinos se caracterizan por ser muy frutados, con
aromas que refieren a ensaladas de fruta, cítricos y algunas
notas a minerales y vegetales.
Pedro Jiménez: Procedente de el viejo continente,
de España, donde se lo utilizaba para elaborar jerez. Actualmente
no se la considera como una uva de alta aptitud enológica,
aunque para el jerez representa un referente.
En Argentina existen dudas acerca de su procedencia, pero si se
sabe que las principales provincias que los desarrollan son Mendoza
y San Juan, donde son ampliamente difundidos. Y se los utiliza para
vinos de corte.
Traminer / Gewurtztraminer: Cepaje de origen Italiano,
existe confusión entre el Traminer y el Gewurtztraminer,
ya que “gewurtz” en alemán significa “especiado”,
y el primero podría ser una variante del segundo.
En Francia, a partir de la década del setenta se lo denomina
Gewurtztraminer, aunque es difícil encontrar una especie
característica. La palabra Traminer se utiliza en otras regiones
para esta misma uva, aunque es posible encontrarlas con variaciones
en el color de la piel.
En Argentina existen muy pocas hectáreas, principalmente
en Tupungato (Alto Valle de Uco, Mendoza) y sus características
enológicas presentan un aroma frutado a rosas, violetas y
jazmín, muy perfumado y con un cierto parecido al Torrontés.
Otros cepajes blancos desarrollados en Argentina, aunque no tan
conocidos son:
Ugni Blanc: Originario de Italia donde lo llaman
Trebbiano, en Argentina tiene gran producción y generalmente
se lo utiliza para vinos de corte.
Tocai Friulano: Proveniente de Italia y conocido
también como Sauvignonasse (no es lo mismo que Sauvignon).
Riesling: Cepaje desarrollado en la zona de Alsacia,
Francia. Las pocas hectáreas plantadas en Argentina (se cree
menos de 200 ha) tienen origen indefinido.
Viognier: Su origen en Francia presenta actualmente
muy pocas hectáreas en la región del Valle de Ródano.
En Argentina llegó recién en la década del
noventa.
Pinot Blanco: Procedente del este de Francia, es
muy parecido al Chardonnay por sus aromas. En Argentina existen
muy pocas hectáreas (menos de 100 ha).
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